fiesta

Albert, la fiesta y Mariana

La fiesta estaba concurrida, Albert estaba recostado de una columna con un vaso mediado de whisky en las rocas el cual tomaba a pequeños sorbos con deleite, era el cumpleaños de la niña más pequeña de su hermana, su sobrina Amanda. Los niños eran los protagonistas, el jolgorio de los mismos, más la música a alto volumen, mezclado con la conversación y risas de los adultos conformaban un ambiente extremadamente bullicioso.

Lo cual lo había obligado a ubicarse en un lugar estratégico entre la casa y el jardín donde ahora se encontraba, esto le permitía ver para la sala donde los jóvenes demostraban sus dotes de bailarines y los maduros a observar, reír, criticar, las cabriolas de las parejas de bailarines- tomó otro sorbo de su bebida –se movió hacia el bar dispuesto en un costado de la sala a fin de buscar otro trago- En el tiempo que nos ocupa en este momento, ya la fiesta se ha convertido en un pandemónium donde hay que hablar a gritos para hacerse entender.

Albert, camina cruzando la sala saludando aquí y allá, con una sonrisa a flor de labios. Toma asiento un poco alejado de la sala donde se baila, su ánimo no estaba para entablar conversación con nadie, se entretenía mirando a la gente conversar y captando algunos chistes del bufón de turno que nunca falta en todas las fiestas. Luego, se aísla ensimismado en sus pensamientos, mirando el fondo de su vaso vacío- mira a un lado y a otro se pone de pie y repite el mismo periplo rumbo al bar en busca de otro trago.

Vuelve al mismo sitio, de regreso. Ya sentado se queda mirando, sin mirar hacia la puerta de acceso a la sala, estaba en una de esas noches en que solo le apetecía beber y estar aislado, sin hablar. Sin embargo; de pronto hace su entrada, una bella mujer, alta más bien, blanquísima, con una melena leonada que le llegaba al hombro, de color caoba oscura, labios muy rojos y unos ojos pardos bellísimos, grandes, boca grande bien dibujada, nariz recta clásica. Sus labios se plegaron delicadamente en una sonrisa tenue que solo dejaba ver apenas sus dientes perfectos. Su cuerpo bien hecho, al cual no le fue negado nada- Él, se quedó mareado a la vista de tanta belleza-

jóvenes

Su hermana Pamela, la recibió efusiva, abrazándola. Se quedaron agarradas de la mano hablando- luego Pamela le hizo seña de que se acercara, para presentarlos luego- Mi hermano, Albert, ella es Mariana- mucho gusto- encantada- Se miraron inquisidores, hablando más con las miradas que de palabras- Albert retuvo por unos segundos la mano de Mariana- ella rescata su mano suavemente pero con firmeza y, sonrió descaradamente con coquetería- se sabía bella y segura-

Pamela mira a Albert interrogadoramente, con fijeza, por segundos- luego- toma a Mariana de la mano y se la lleva al otro extremo de la sala, al caminar mira a su hermano de soslayo- Albert- se queda solo como estatua, sin darse cuenta, de pronto mira a todos lados como agarrado en falta, se sintió ridículo y echa a andar hacia el bar en busca de otro trago, lo cual es ya recurrente. Desde lejos siente que lo miran insistentemente, voltea- es Mariana que al sentirse descubierta cambia su mirada a otra parte.

Albert, sonríe ladinamente, elucubrando pensamientos peregrinos al saberse observado por la bella mujer, que siente que lo está horadando por dentro como una saeta- suspira- idiota, piensa; nos hemos visto una vez, no es para tanto- mejor me voy al jardín a tomar el aire, creo que me estoy emborrachando y, echa a andar buscando la frescura de la noche ya casi en la media. Se sienta en una banca en la parte con menor luz, la música se siente atenuada, la bulla es menor- ahaaa- se siente mejor. Pasan algunos minutos, se recuesta cómodamente y cierra los ojos suspirando, toma otro sorbo de whisky, que ya no le sabe tan bien.

Está ensoñando cosas, cada vez se siente más tranquilo y sosegado. Hola, hoola- oye lejanamente una dulce voz que acaricia sus oídos,- da un respingo y se endereza bruscamente, mirando con ojos como platos la bella imagen de Mariana- oh disculpa, dime- Tu hermana me pregunto por ti y le dije que había visto que salías hacia el jardín y me pidió que te hiciera compañía- bueno ya estoy aquí, me quedo si tu quieres y… No, por favor quédate, siéntate a mi lado. Ella lo mira conmiserativamente y asiente, sentándose.

Se miran fijamente el uno al otro- él la mira embobado- ella especulativamente- Albert la toma de las manos y la mira como si quisiera meterse dentro de su alma, se mira en sus grandes ojos pardos que lo convierten en una alma redimida de amor y por el amor- ella, siente el amor de aquel hombre, que la quema como una llama, haciendo que su corazón galope incendiado por el calor incandescente de aquella alma rendidamente entregada en alas de la pasión.

Hoy 25 de diciembre estos dos seres han recibido en sus corazones la bendición del amor, el amor que todo lo puede, el amor que todo lo llena como el agua llena el vaso del sediento, calmándole la sed y refrescando su cuerpo que exuda el calor de la jornada y lo prepara para empezar de nuevo. Pamela la hermana de Albert, escondida detrás de un arbusto mira la escena con una sonrisa meliflua, pensando. Ya estos dos están en él ajo. Salud, que les aproveche.

mancha1

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