No podemos poner en duda la importancia de Alaska y Sara Montiel en la historia reciente de España, sobre todo por lo que respecta a su aportación a la cultura. El cine, la televisión y la música serían muy diferentes sin ellas.

Pero los tiempos han cambiado: Sara Montiel dejó de ser hace tiempo la estrella que tanta gente admiraba para convertirse en un personaje que parece deambular sin pena ni gloria por la pasarela de los rostros más conocidos del país.

Por su parte, ya no estamos en la época de la Movida Madrileña o La Bola de Cristal, y Alaska no parece moverse ahora con la misma soltura con que lo hacía antes. Sigue muy activa, pero su figura, aún teniendo el respeto de la inmensa mayoría, parece difuminarse paulatinamente.

El caso es que la reaparición de las dos artistas me hace preguntarme si su aportación será realmente interesante o no. No dejamos de ver, año tras año, cómo viejas glorias y dinosaurios de la industria musical nos obsequian con retornos, nuevas giras y discos que nadie en su sano juicio compraría.

Están muy bien retornos como los de Queen, The Police, The Who, Lez Zeppelin... Pero su tiempo pasó. Esto no son ni los "70 ni los "80, y los motivos que llevan a los fans a consumir sus regresos no son racionales: las novedades no aportan nada nuevo, en general. Pesa más el deseo de ver a un grupo mítico que no has podido ver o la búsqueda de un recuerdo perdido.

Cobran demasiada fuerza, en todos estos casos, los motivos económicos; el seguir exprimiendo algo que tuvo mucho jugo, pero que se secó. Y es una lástima.

En algunos casos, cuela; y la gente sigue gastando dinero en algo que dejó de ser interesante hace tiempo. Pero el público también se cansa de que le den gato por liebre.

¿Es este el caso de Sara Montiel y Alaska? Yo no lo sé, pero sí han tenido tiempos mejores, y, desde luego, el panorama musical en español no va por el mismo camino.

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