Hoy, encuentro un momento en la mañana y me dispongo a compartir con vosotros lo que sé sobre el fascinante tema de los agujeros negros.

En primer lugar, quisiera responder a una cuestión que, si bien se lanzó y quedó sin respuesta, es fácilmente deducible si hemos entendido un poco de la naturaleza de estos vórtices. El otro día se planteó por qué la luz, sin masa, es atraída por los agujeros negros.

La respuesta está en la misma teoría de Albert Einstein, del universo como una lámina elástica indeterminada. Ya vimos que, en la manta de nuestra abuela, al poner unos objetos, más o menos pesados, conseguimos unas deformaciones mayores o menores en el continuo horizontal de la superficie. Y ya hemos determinado a la luz como algo carente de masa pero no de energía.

Así pues, podemos imaginarnos nuestro rayo de luz como un pequeño cochecito de madera sin masa. Este coche, al no tener masa, no produce una deformación en la superficie, pero como posee una energía intrínseca, hemos de suponer  que siempre está en movimiento. De esta manera, tenemos a nuestro rayo de luz representado como un coche desplazándose a lo largo de la superficie elástica.

Aquí viene la parte curiosa. La trayectoria de este rayo de luz, en forma de cochecito, debería permanecer siempre en una línea recta, como todos los rayos de luz, y eso es lo que nos contaron nuestros profesores de física cuando éramos pequeños. Sin embargo, dicha afirmación no es del todo cierta.
 

Fijaos en nuestro cochecito. Cuando avanza a lo largo de la manta, siempre y cuando no se encuentre con ninguna estrella o cuerpo, representados con las esferas de plomo, continua siempre desplazándose en línea recta, puesto que el suelo sobre el que se desliza es una superficie horizontal, y no hay fuerzas que le obliguen a cambiar de dirección. También es fácil darse cuenta de que, cuando impacta contra un cuerpo, supuesto opaco, le cede su energía, incapaz de desplazar a nuestras grandes bolas de acero ni lo más mínimo, y se para.

Pero, ¿qué ocurre cuando el rayo de luz pasa lo suficientemente cerca de un cuerpo como para sentir el valle que produce este sobre el tejido espacio-temporal (nuestro hueco en la manta) sin impactar contra él? El rayo de luz entra en el valle, con velocidad constante puesto que la luz ha de viajar, si está en el vacío, siempre con la misma celeridad, y se desvía de su trayectoria recta, buscando la tangente en el valle. Después, cuando sale de éste, sigue con su recorrido, pero habiendo variado dirección con respecto a la de entrada.

Es decir, la luz no siempre viaja en línea recta. Podéis decírselo a vuestros profesores de la infancia, pero estad seguros de que ya lo sabrán.

Si sois incrédulos, os hayáis en la misma posición que gran parte de los científicos de la primera mitad del siglo pasado. En 1912, Einstein, con la Teoría de la Relatividad General en una mano (que desarrollaría unos 4 años después), predijo dicho comportamiento de la luz, explicando dicho fenómeno con palabras similares a las que os expongo más arriba, y puso de nombre al proceso Anillo de Einstein.

De esta forma, un astro luminoso, que se situara detrás de un cuerpo masivo que, en un principio, bloquearía su luz como los cochecitos que chocaban contra las esferas, usaría su propio halo de gravedad como una lente, permitiéndonos a nosotros ver dicho astro “a través” del cuerpo.

Dicha afirmación se ganó las críticas de los científicos de la época, pero Einstein jamás se retractó. En 1924, Chwolson observó dicho proceso en su propio telescopio, y pidió disculpas a Einstein, en  nombre de toda la ciencia, públicamente.

Y volviendo a nuestro tema de origen, para acabar, nuestro cochecito, que viaja tranquilamente a lo largo del Cosmos, con pequeñas desviaciones como las comentadas anteriormente, producidas por cuerpos con masa, llega finalmente a su destino: cuando llega al borde de la superficie donde empieza el pozo creado por el agujero negro, cae en él y, sin posibilidad de retorno, pasa a formar parte del agujero en nuestra manta.  Y eso es lo que le pasa a la luz cuando llega a un agujero negro y, a pesar de carecer de masa ni malas intenciones, es tragada por este fantástico y misterioso lugar.

Sin embargo, aún quedan dudas lanzadas al aire, que todavía no hemos tenido tiempo de contestar. No obstante, encontraremos el tiempo para discutirlo más adelante.

Un abrazo, amigos de Artigoo

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