La conocí hace años. Hace muchos años. Me ha venido ahora de golpe su nombre a la cabeza cuando escribía un capítulo del que espero sea mi primer libro. Era (espero que sea) una chica catalana con un genio de mil demonios con la que me llevaba de maravilla.

Por necesidades de trabajo estábamos siempre en contacto telefónico y cuando no era por eso, pues nos llamábamos para ver qué tal estábamos y nos contábamos nuestras cosas.

Supongo que podríamos habernos enrollado, y ocasión la hubo, pero no fue así. Ese fue el principio del fin.

Tuve oportunidad de hacer un viaje con ella en el que compartíamos piso. Fue en un puente, no recuerdo si el de la Constitución, alguno de Noviembre o posterior a Reyes. El caso es que hacía un frío de la Ostia.

La convivencia fue tan correcta, tan respetuosa por mi parte y tan amigable que creo que ella se enfadó. No hice ninguna intentona de llevármela al huerto. Por que no me apetecía. Y los últimos días, cuando ya se acercaba el momento de irnos cada uno por nuestro lado, ella estaba cada vez más desagradable y yo más cansado.

Fueron 4 días, y aún hoy, no sé si ella quería algo y no lo tuvo, o la exasperé de alguna forma o qué. El caso es que un mes o dos después de esto que cuento dejó el trabajo (las diferencias habían ido en aumento desde aquel día) y nunca más supe de ella.

El título del Goo es una coletilla que le puse porque, sobre todo al final, me trataba bastante mal, pero luego me pedía perdón, (a su modo), con lo cual siempre me hería, pero nunca me remataba para que yo la pudiese mandar, como mínimo, pasao despeñaperros p"abajo.

Hoy, cerca de 15 años después, me pregunto si un poco de sexo no hubiera cambiado las cosas. Desde luego no era lo que yo buscaba, y no me arrepiento de haber dejado pasar esa oportunidad.

Y aún así, me pregunto que habrá sido de Adriana, la que siempre hiere, pero no mata.

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