Adolescente: Habilidades vs. Experiencia.

Las recientes noticias de dos adolescentes de 14 años que navegaban solos en alta mar en aguas de la Florida y están desaparecidos luego de haber encontrado volteado su bote, han desatado un debate acerca de cuán preparados podían estar dos niños para tomar decisiones acertadas en determinadas condiciones. Las mamás de ambos hablan con mucha seguridad a las cámaras de televisión, explican que aprendieron a nadar antes de caminar y que navegan hace mucho, que son capaces de sobrevivir donde adultos no lo harían y que poseen muchas habilidades. Las leyes de este estado permiten que niños de esa edad salgan solos a alta mar tras realizar un examen. ¿Pero hasta dónde puede llegar realmente un niño o adolescente temprano a la hora de decidir cómo actuar en situaciones que impliquen un riesgo para la vida? ¿Es que acaso la experiencia no cuenta?

Basta leer cualquier artículo científico sobre el CEREBRO ADOLESCENTE para entender por qué en esta etapa de la vida las personas se envuelven en accidentes y comportamientos arriesgados y peligrosos. Y es que el cerebro humano continúa desarrollándose hasta bien entrada la edad adulta. Existe una región llamada amígdala que se encarga de las reacciones por instinto que se desarrolla primero, mientras que la corteza prefrontal que determina el razonamiento y pensamiento abstracto, o sea el pensar antes de actuar, madura más tardíamente, aproximadamente a los 24 años de edad. Si a todo esto le añadimos el aumento de neurotransmisores como la dopamina y hormonas como la testosterona, ambas relacionadas con la obtención de deseos y satisfacciones y el actuar peligroso, tenemos una bomba de tiempo en nuestros niños y jóvenes.

Recuerde su adolescencia y la de sus allegados y verá que las mayores locuras de sus vidas se cometieron en esa época. Muchos de los accidentes automovilísticos que ocurren a diario, y no están influidos por el alcohol, se producen en menores de 20 años. Si consideramos que muchos padres ya los creen adultos o maduros para tomar sus propias decisiones, y no supervisan, en la medida de lo posible sus amistades y la manera en que pasan su tiempo libre, están mucho más expuestos a cometer errores fatales.

Considero que a los adolescentes hay que darles libertad pero supervisándolos cuidadosamente. Los hijos son para siempre, no dejan de serlo al crecer, y necesitan el apoyo de los padres y su consejo constante. Mientras más crecen, mayores son sus problemas. Y no hay que tenerlos bajo la saya como decía mi abuelita, pero si ofrecerles nuestra experiencia por muy listos y seguros de sí mismos que nos parezcan. Recuerde que aún tienen un cerebro en crecimiento, aunque por fuera luzcan igual a usted, por dentro aun no lo son.

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