adios a lo que fuimos

ADIOS MI POETA...

Llegó la brisa que canta, es esa brisa que parece Enero, es el tiempo de despedirme del poeta. Y a vos, a vos mi leal verso, te prometí que pronto se resolvería esta historia.

Construí con los hilos del ensueño un espacio amarillo, un espacio amarillo con rasgos dorados para que él, mi dulce y lejano señor reinara; finalmente es un poeta con rasgos de mago y emperador a la vez.

Abrí sin mayores reservas las puertas de mi vida, como suelo hacerlo para quienes he amado, ofrendándole a este dulce señor un techo, un nombre nuevo que existía en el mundo de los dos, y los cuidados que llegan a tener los que se han acompañado por muchos años.

A su lado volví a fumar, pero también a escribir, y quizás ahora deje tanto lo uno como lo otro, porque en ambos casos él fue el motivo, uno que necesitaba resolver con ficción, letras y humo.

Los primeros días cuando me encontraba conmocionada por sus palabras escritas, no tanto por la belleza de ellas, sino por el hecho momentáneo en el que las palabras se hacen el eco de una historia, la de dos compañeros que de repente des-cubren el hecho de quererse; por esos días me escondía en la cocina para escribir por wasap con él, me escondía porque por esos tiempos no vivía sola, ni era libre, ni soltera tampoco.

Al otro día, cuando nos citamos para vernos por primera vez, como si fuera la primera vez que nos viéramos; extrañamente nos citamos en mi casa, en la misma en la que no vivía ni sola, ni libre, ni soltera; recuerdo que él dijo: ¡Mira todo lo que tienes! ¡Con esto yo no puedo competir, yo no tengo nada que ofrecerte!!

Aún así esa noche me abrazó como reuniendo en un abrazo todos los abrazos perdidos…pero finalmente, por un hecho divino que quizás luego entenderé, perdí casi todo lo que él decía que yo tenía, como si recién llegara a este mundo y creyera yo ser para él.

También parece cierto, que él no tenía nada que ofrecerme, mejor habría sido decir aquella tarde que no quería más bien, ofrecerme nada de todo lo que tenía; aunque una u otra expresión, era muy tarde ya, las palabras escritas en el wasap habían hecho un eco histórico en mi existencia. Para ser justos él me dio todo lo que pudo, y yo hasta lo que no podía, o no debía.

Tiempo después, luego de pasar la primera noche juntos, supe que él no era el hombre de mis sueños, especialmente porque al despertar en la mañana su primer comentario no fue una expresión de amor, fue un lángido "me tengo que ir". Y las siguientes noches, fue igual. Recordé a quien dijo que lo importante no es pasar la noche con una mujer, sino amanecer con ella, y yo añadiría, lo importante es cómo se amanece. 

Nunca tuvo la tranquilidad mañanera de un despertar cariñoso, de voltearse hacia mí, mirarme antes de hablar, besarme antes de desaparecer, abrazarme antes de desayunar con calma, de tal vez pasar el día juntos, dormir, reponernos, cocinar, salir a caminar. 

Supe esa mañana que no era el hombre de mis sueños, que o nacía en él un hombre nuevo, o me inventaba nuevos sueños o sería cuestión de tiempo nuestra despedida.

Vivió tan querido, casi adorado por mí, en ese lugar amarillo y lleno de sueños, de futuro y de alternativas que diseñé en mi corazón e instalé quizás en la esquina de las añoranzas; pero el poeta se diluyó cuando sus letras nunca fueron para mí, el mago guardó en la lejanía su encanto para otra escena en la que ya no estaré, el emperador olvidó el reino que le tejí, ese rodeado de un otoño que decoré.

Se diluyó, se guardó, se olvidó, en el instante fugaz en el que quiso que yo lo olvidara.

Abrí la puerta, como cuando le abres la puerta a un mal marido con maletas y todo listo sugiriendo que se vaya, él en el dintel decidirá si se queda o se va; hay dos decisiones ahí, la del que decide si entra o sale, y la del que sostiene la puerta; mi POETA, el poeta decidió salir, y yo decidí cerrar la puerta; esa misma que le abrí cuando lo dejé instalarse completico dentro de mí, viendo en él lo mejor de un hombre sin posibilidades, esa misma puerta que mantuve abierta mientras creía que el mundo juntos era cuestión solo de tiempo.

La mayoría de los días fueron bellos, teníamos la conexión cóncava y convexa perfecta para reír, y también besar. Nos enseñamos secretos guardados en nuestros silencios de infancia, y en los recovecos cansados de nuestros cuerpos. Y engendramos momentos… momentos como adolescentes maravillosos, y también otros simplemente de una dulzura sin igual.

Ya no quiero defender más su forma de quererme, no hay defensa. Simplemente el amor perdió, quedó si acaso la amistad.

Quizás esta historia habría podio tener otro desarrollo, quizás cuando me escribió en el wasap, quizás si no nos hubiera ganado el miedo, quizás si meses después… quizás podría escribir que me fui con él y que ahora estoy a su lado en algún lugar del mundo en el que me enredo en su cabello, beso sus labios en las mañanas, tengo el permiso para hablarle como una cotorra a todas las horas del día y el título indilgado por él que me permitiría esperarlo siempre.

Un lugar en el que me derrumbaría con esa mirada que tristemente, ya no me parecerá para mí, nos despertaríamos tarde un domingo y me abrazaría a él, o mejor me sentaría sobre él como me gustaba hacerlo para hablar algo importante, a escuchar sus relatos o reflexiones extrañas que me encantaban; me relataría los cuentos orales que ha creado mientras me embelesaría mirándolo, me prepararía la sopa de quinua que nunca fue, compraríamos de tanto en tanto el pescado que tampoco fue, visitaríamos como lo hacía Vangogh, sagradamente los domingos a su hermano, a veces a su mamá, a veces a la mía, o a veces nos quedaríamos reposando la sopa de quinua escuchando a Tchaikovsky, el blues, y de pronto a El Cigala o mejor aún a Pink Floyd mientras quizás al finalizar de la tarde, nos amaríamos de esas maneras tranquilas que nos permitiría la claridad de la pertenencia, sin más orgullos, sin más ausencias, sin más dudas… quizás repetiríamos de nuevo esa vez en la que él me enseñó a sentarme encima de él, o las vueltas etéreas, dignas de una sección del kamasutra.

Algunas mañanas nos bañaríamos juntos, y simplemente él dejaría inocentemente que le absorviera las goticas de agua… y yo dejaría también inocentemente que él recorriera las zonas guardadas para el deseo y el amor, de pronto discutiríamos por las diferencias de opinión frente a la política de esta ciudad y me haría los regalos que nunca me hizo, me llevaría a la cama con la calma de un beso y sin afán de irse, porque perteneceríamos a lo que fuéramos juntos y allí no importaría el tiempo.

Nos quisimos, construimos un universo de lenguaje solo de los dos… pero ahora entiendo eso de que el querer no es suficiente, el querer nos permite ver lo mejor del otro, pero eso no alcanza cuando lo mejor del otro se agota, tal vez ese es el origen de …los detalles que nos renuevan en el amor, o su antítesis en la muerte al repetir el abandono.

Me hubiese encantado escribir otra historia, pero somos lo que somos, eso decía él cuando yo decía que en la vida nos podemos soprender siendo nuevos de cuando en cuando, tal vez este no fue el caso y ni siquiera las letras permiten en algunos casos, hacer realidad la ficción.

Y ahora vos, ¿qué haré con vos?

Me pides que te dé a tí lo que él deshechó, lo que él perdió... eso ya se perdió, ya no será para nadie, ¿para qué lo quieres tú?, es un beso usado, como diría Cepeda.

¿Por qué no me pides algo nuevo para vos? tal vez, dentro de mí tengo todo un mundo de literatura para construir un nuevo libro, pues finalmente que son las letras sino un mundo de emociones, sentimientos y realidades que están por decirse; esperemos escribir en miles de páginas en blanco, una nueva historia, parece que finalmente, amo al que escribe para mí y hay tantas maneras de escribir…eso ya lo he aprendido a tu lado.

Esperame, la inspiración llegará no sé qué tanto tiempo demore en volver a ESCRIBIR, para escribir una historia, quizás la nuestra que espero tenga un final más feliz o más real que a la que dediqué mi vida con el poeta, una vida y una dedicación también, que al final siento que él no supo nunca que tenía, o de pronto si supo y más bien lo que parece, es que no la significó, no la deletreo, no la escribió ni en el papel ni en el fondo de los decretos del ser y eso a pesar de ser POETA, MAGO y EMPERADOR, un hombre querido por esta mujer. 

Simplemente la olvidó unos días, unas noches la olvidó, lo que según sus poemas es uno de los nombres de la venganza, yo diría que de la traición; aunque puede ser que finalmente la que olvidó fui yo, qué diremos...

Me despido de él y de la mujer que fuí para él. Me despido de estas letras e historias inspiradas en tantos días y noches, en tanto quererle, consentirle, anhelarlo, letras de tristezas y alegrías, letras de encontrar y perder, letras que a pesar de los pesares a algunos gustaron.

Aunque el amor se pierda, siempre nos queda la reconciliación del cariño, la comprensión de lo que somos con otro, el perdón por el mal uso de nuestra alma, la lección aprendida de que al amor  hay que cuidarlo, el retroceder a la amistad, y el confiar en el cielo.. él nos regalará un nuevo poema, o mejor para nosotros quizás será un nuevo cuento.

ADIOS MI POETA...

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