Joven sentada frente al mar

Adiós mi Amor, sentada en nuestra terraza y mirando el mar, te escribo esta carta que probablemente romperé antes de enviártela.

Mi Amor, necesito escribirte para desahogarme, para comprender, para recordar, para olvidar, para encontrar un consuelo que me libere de esta nostalgia y dolor que me invade cada momento que pienso en tu repentina despedida.

Mi Amor, recorro muestra casa, ahora solitaria, como sonámbula y sigo viendo tus estanterías repletas de libros aunque sólo quedan ya los míos; abro nuestro armario antes abarrotado de ropa oyendo tus quejas porque no te dejaba sitio y ahora me sobra el espacio que ocupaba tu ropa; me siento en nuestro estudio compartido en donde permanece tu mesa antes siempre ordenada y ahora vacía; paso a tu cocina en la que preparabas deliciosos platos, siempre pensando en innovar y sorprenderme, sabiendo que disfrutaba porque detestaba cocinar y acabo cogiendo una bandeja para tomar mi comida comprada y lista para consumir…

Mi Amor, te llevaste sólo lo necesario, fuiste muy generoso al dejarme todo, demasiado, lo que habíamos comprado juntos e ilusionados para decorarla como queríamos que fuese nuestro eterno hogar.

Mi Amor, mis lágrimas caen sobre el papel, pero sigo y sigo recordando sin querer. Nuestros paseos descalzos por la arena, al atardecer, cuando cogidos de la mano o ciñendo mi cintura, compartíamos nuestras risas, inquietudes y pensamientos, planificando nuestro futuro que ya no existe.

Mi Amor, en mi mente se desvanece la causa de tu partida no esperada o inconscientemente olvidada. No estaba preparada para afrontarla ni sigo estándolo. Sólo sé que debo huir de aquí, lejos, muy lejos, dejar este lugar que ya no es nuestro hogar para dejar de atormentarme. Tengo que empezar de nuevo y, aunque me cueste, arrancar de mi corazón cualquier atisbo de tu existencia.

Adiós mi Amor, mi primer y más doloroso Amor.

 

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