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ACUSAR ES UN ACTO MUY RECURRENTE

ACUSAR, ACTO DE INTELIGENCIA E IGNORANCIA

ACTO DE ACUSAR: se podría afirmar que está, prácticamente, a la orden del día y todos hemos caído alguna que otra vez en este hecho. No obstante, es una acción que envuelve un gran peligro y debemos cuidarnos mucho en no caer en una desgracia por ACUSAR falsamente.

Hay dos formas principales de cómo acusar; una se realiza con inteligencia y la segunda desde la ignorancia. Pero, ¿qué significa realmente acusar? En el diccionario de la Real Academia Española hallamos hasta once términos diferentes; de todos ellos, interesan en este momento los cinco primeros:

1. Señalar a alguien atribuyéndole la culpa de una falta, de un delito o de un hecho reprobable.

2. Denunciar, delatar.

3. Notar, tachar.

4. Reconvenir, censurar, reprender.

5. Manifestar, revelar, descubrir.

ACUSAR CON INTELIGENCIA

Hay que tener mucho cuidado y tacto a la hora de acusar a otra persona, bien sea familiar, amigo, compañero, vecino o un extraño. No importa la confianza que podamos tener con aquel o aquella que acusamos. Para poder llegar a este extremo de señalar a alguien públicamente con el dedo, debemos de estar cien por cien seguros de los hechos e, incluso, tener pruebas de que las cosas realmente son como pensamos o decimos. Es necesario conocer previamente todos los detalles de las circunstancias de las que pretendemos acusar a la persona en cuestión.

ACUSAR DESDE LA IGNORANCIA

Acusar es muy fácil y habitual en la sociedad. Vemos un acto o escuchamos un comentario concreto de otra persona y, sobre todo si esa persona en cuestión es alguien quien no nos cae bien, sobresaltamos con facilidad. Sin pensarlo mucho, ya empezamos a criticar y a acusar aquella persona. Es muy fácil acusar a otra persona; no obstante, la mayoría de las veces solemos actuar desde la ignorancia, porque solemos desconocer los detalles que le llevaron a nuestro oponente a actuar de una forma concreta o de decir aquello que dijo. Sin embargo, si, después de acusarle, nos ponen al tanto de todos los detalles, nos vemos en una situación embarazosa de tener que retractarnos.

RIESGOS DE ACUSAR

Acusar a otra persona conlleva muchos riesgos. En la mayoría de los casos solemos acusar a otros sin pensar previamente de qué realmente le acusamos y sin recopilar primero datos de las circunstancias. Si acusamos desde la ignorancia, es decir, sin saber por qué se hizo lo que se hizo o por qué se dijo una cosa o la otra, o, incluso, por qué no se reaccionó de una forma de la que nosotros creemos que se debería haber actuado, es fácil incurrir en errores. Si no sabes de qué va realmente el asunto, es mejor callar, no decir nada y, simplemente observar. Tal vez la forma más correcta de actuar sería preguntar a quién queremos acusar por qué actuó de esta forma y no de otra.

Debemos tener en cuenta que en una acusación está envuelta la reputación tanto de aquél a quien acusamos como la nuestra propia. ¿Por qué? En principio, el primero se ve en la situación de dar explicaciones y demostrar que las cosas no son como creemos nosotros. Y, una vez aclarada la situación, queda el acusador puesto en ridículo y, ocasionalmente, como un verdadero g….

Acusar es una actitud contraproducente para convivir pacíficamente con los demás dentro de una sociedad preestablecida. Esa actitud se califica de negativa y conlleva malestar con uno mismo, así como la soledad y muchos enemigos.

CONCLUSIÓN

Para evitar malentendidos y no dejar a nadie en mal lugar, es imprescindible reflexionar más para comprender las acciones de la otra persona antes de incurrir en las acusaciones. Solamente se puede acusar a alguien primero, si realmente conocemos todos los detalles de los hechos y, segundo, si lo sucedido realmente nos incumbe.

Si en un momento dado me encuentro en una situación que me obliga hablar o actuar de un modo concreto, pero mi actitud no te incumbe, ¿por qué tienes que sobresaltarte y acusarme? Esa es una pregunta que se hacen los acusados y los metiches suelen ser muy odiosos y odiados, puesto que se complican la existencia propia y la de los demás.

Aun así, ACUSAR ES UN ACTO MUY RECURRENTE.

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