Pensara el mundo que en Colombia, una gran mayoría somos unos indolentes y tal vez desalmados, carentes de caridad y solidaridad, al menos en muchas ONG’s eso pareciera ser lo que se aprecia y siente. Especialmente cuando de apoyo a un acuerdo humanitario o respaldo a las Farc se refiere.

Con la tragedia del secuestro, como mecanismo más de terrorismo por parte de estos mal llamados insurgentes en nuestro país, para abanderar supuestas estrategias de presión y cambio en el estado y sus políticas a todo nivel y lo peor de todo, esbozando tan infames ocurrencias o procederes, como sustento del proyecto de cambio o beneficios a favor del pueblo y ellos como un ejercito del pueblo. Nada más falso que ello.

En Colombia no hay ningún ejército del pueblo y si alguna vez se conformo una guerrilla, sus banderas e ideales ya murieron como consecuencia de su metamorfosis hacia el narcotráfico y terrorismo; en cambio, sí tenemos unas fuerzas constitucionales y del orden, que están destinadas a defender nuestra soberanía y nuestros derechos y que deben y están obligadas a respetar los mismos. Nuestra policía y ejercito, ellas están conformados por personas de nuestro verdadero pueblo, hombres y mujeres llenos de anhelos y principios éticos y morales, con deseos de hacer una mejor patria cada día.

Hoy son muchos los secuestrados en poder de los narcoterroristas de las Farc, también son muchas las victimas del dolor que estos causan en todo sentido en nuestra patria y somos muchos los que sentimos dolor por el apoyo o respaldo que se les brinda o implora para este grupo de delincuentes en muchas partes el mundo.

No puede ser posible que se invoque un “acuerdo humanitario” y que se hable de liberar delincuentes presos, por personas secuestradas  – civiles y militares, no rehenes ni prisioneros de guerra como se afirma, sino victimas de tan atroz acto en contra de los derechos humanos, y que hoy se vive en Colombia - .  Aunque comprendemos el sentimiento y dolor de familiares, no se puede olvidar que la patria y sus principios deben estar por sobre cualquier proceder o requerimiento, sin demeritar o socavar el más mínimo derecho de justicia e igualdad que invocamos para todos. Exigir respeto a las leyes, las normas y derechos; así como, aplicar mano dura por parte del gobierno, no implica arrogancia o tiranía.

Las Farc hablan de acuerdo humanitario, cuando ellos carecen de todo proceder en tal sentido para tratar a sus victimas y se atreven a decir que sus integrantes presos están en mazmorras en dudosas e indignas condiciones que les infringe el estado; lo que no se acerca a la realidad, pero en cambio, el trato que ellos brindan a los secuestrados, ese si es triste y degradante y va en contra de lo que rezan los dictados internacionales hacia un trato humanitario.

Nos es fácil ponerse en los zapatos de las familias de las víctimas, pero no podemos como estado negociar y ceder a los principios y normas de ley, a nuestra constitución.

Y nuestro estado y gobierno no es insensible ni mucho menos; por el contrario siempre ha puesto de manifiesto su voluntad de honrar las leyes y de encontrar una senda por la que se pueda conducir hacia un punto de encuentro, donde reina la justicia y la igualdad.

Duele entonces, el proceder en su momento de secuestrados como Alan Jara y recientemente el sargento Pablo Emilio Moncayo, de sus familiares y al de muchos otros que hoy conforman asociaciones como las de “Colombianos y Colombianas por la Paz”, que demeritan e ignoran las ejecutorias y esfuerzos del gobierno en aras de la paz y en cambio, avalan los procederes y pedidos de las Farc y de las posiciones al respecto de gobiernos vecinos; faltando a la sensatez y tal vez a la verdad.

Esta demostrado que no se necesitan despejes de territorios para liberar a los secuestrados en su poder, que bastaría con la buena voluntad que no demuestran, que antes que procurar el bienestar del pueblo lo maltratan y expulsan de sus tierras, les reclutan sus hijos, atentan contra la poca infraestructura del país, atentan y matan con carros bombas y emboscadas; esta demostrado que por el contrario el gobierno si cumple con los protocolos de seguridad exigidos para tales fines – los de liberación -, que se facilitan las actuaciones de organismos internacionales y de la iglesia para que sean vehículo de dialogo y de facilitación en estos procesos y esta demostrado que nada de lo que se ofrezca y seda por parte del gobierno con fines de desmovilización y acuerdos de paz les será suficiente. Sera porque el negocio del narcotráfico como combustible de esas fuerzas nefastas, no les permite estar dispuestas a ceder en su afán de maldad y riqueza.

Acuerdo humanitario para escudar delitos y lograr indultos, para aspirar a formar parte de una democracia y de su engranaje, tal vez con afanes de lucro personal olvidando los falsos ideales con los que sustentaban sus desmanes supuestamente a favor del pueblo; tal vez para con la bendición de la miopía y mala memoria del pueblo les sean avaladas sus posibles candidaturas en las diferentes dignidades que brinda el estado, para sumarse a la corrupción que hoy criticamos y no podemos combatir en el congreso y otros entes estatales. 

Tenemos un gran país por construir, con riquezas por explorar y explotar, con un gran futuro pero estancado en un oscuro presente. Un país de gentes buenas, honestas y trabajadoras, emprendedoras y con grandes ideas por realizar, pero sumergidos en el remolino de la corrupción a todo nivel en uno de los puños y las fuerzas nefastas al margen de la ley en el otro puño y en medio de ellos, los grandes sueños y buenas energías, en procura de liberarse y dar la luz y frutos que tanto anhelamos.

El acuerdo humanitario no debería tener tanto misterio, seria cuestión solo de admitir y permitir la libertad de los secuestrados, de no volver a secuestrar, de suspender los ataques terroristas, dejar el narcotráfico y permitir el libre desarrollo de las actividades de las gentes en las zonas de influencia de las Farc; que se entienda que no puede haber un perdón total a sus delitos, por un lado. Y por  otra parte; que se dejen libres a aquellos presos que ya hayan cumplido la mitad de sus penas y se vinculen a procesos de reinserción vigilados por otros gobiernos que no sean de América Latina, que se de un verdadero compromiso del gobierno por lograr acuerdos con otras naciones para recibir otros militantes de las Farc, para que cumplan sus condenas mientras se les instruye de alguna manera para que puedan retornar a la sociedad, que se den acuerdos de reformas agrarias, industriales y/o laborales, de educación, que permitan mejor desarrollo del campo, las empresas e industria y de empleo en todos los niveles, para procurar una mayor producción y revertir su producción y resultados en el desarrollo de la economía del país y mientras esto se hace, que exista paralelamente un país neutral, donde Gobierno nacional y miembros de las Farc con el apoyo de facilitadores multinacionales lleguen a acuerdos de paz y verdadera desmovilización de los alzados en armas.

Acuerdo humanitario sin ganadores o vencidos; anteponiendo eso si, las normas y las leyes, la justicia y la cercanía a la igualdad y reconociendo que se cometen errores y que lo importante es el sano compromiso por no repetirlos, pero si el constante interés y esfuerzo por ser un gran país, gracias al esfuerzo y grandeza de sus gentes.

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