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Aceptemos los cambios con buena cara

Confianza en ti mismo, practícala aunque sea por un instante. Ello significa soltar el control y mirar lo que acontece, desprejuiciadamente. ¿A que le temes? E imagínate in mente que puede suceder. Después soluciona la situación ilusoria y retorna al presente, sereno y fortalecido, sabiendo que podrás afrontarla si se materializa.

Los cambios hay que afrontarlos con buena actitud; ser rígidos e inflexibles hace que nos partamos y que el dolor por el sufrimiento sea más horroroso, cuando se presentan los cambios por sorpresa. Por esto, es necesario que mientras desarrollamos la capacidad de amoldarnos a lo nuevo, ganemos flexibilidad, madurez y experiencia para transformarnos en un mejor ser humano. Hay que fluir con los cambios que tiene la vida y renovarse con cada episodio.

Ser pasivos no da réditos. Es bueno recordar que lo que obtengas de la vida, depende en gran medida de lo que estés dispuesto a hacer y a batallar para lograrlo. Personas, hay; que piensan que con solo desearlo, eso que desean llegará a sus vidas pero; lo cierto es que sin pasión, trabajo, dedicación y compromiso, no es posible alcanzar las metas perseguidas.

Suma de intenciones y esfuerzos

Tenemos que comprender que para conseguirlo, necesitamos unir nuestra voluntad, deseo, compromiso y determinación para hacer cuanto sea necesario. De no ser así, repetiremos los mismos errores del pasado y sacaremos los mismos resultados negativos, para terminar sintiéndonos víctimas de los demás y de la vida, buscando culpables de lo acontecido, a la espera de que alguien haga algo concreto, positivo, para que podamos vivir tal cual lo deseamos.

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Debemos estar preparados para aceptar los cambios.

Los cambios nos causan horror, porque nos llevan a dejar atrás todo lo vivido y a enfrentar nuevas experiencias de carácter desconocido. Debemos tener la disposición a perder algo para ganar cosas nuevas, en el entendido de que tenemos la oportunidad de ser personas diferentes y mejores cada día, porque tenemos la oportunidad, además; de poder elegir como vivir el resto de la existencia.

Debemos cumplir los compromisos adquiridos, especialmente aquellos que nos benefician y a las personas queridas. Sabemos que las palabras se las lleva el viento. Solo las acciones que se llevan a término, concretas, positivas, repetidas en el tiempo, nos muestran a nosotros y a los demás que cambiamos verdaderamente

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