Los ACCIDENTES ocurren. Y los grandes accidentes que dan paso a terribles acontecimientos que con mayor o menos frecuencia protagonizan hechos aislados suponen un punto de inflexión en el tratamiento de la seguridad y a largo plazo sirven para mentalizar a la sociedad y ayudar a que no se repitan. Cientos de sucesos trágicos tienen lugar en países en vías de desarrollo, por su precaria situación en un entorno vacío de medios; en otros casos, el avance de las tecnologías provoca el aumento de la confianza social en ciertos lugares, hasta el punto de creer que permanecen blindados ante la catástrofe.

Los accidentes más importantes nunca han ocurrido por un descuido. En algunos se conocía el fallo, en otros se podría haber evitado anticipándose al defecto, aunque siempre han servido para informar examinando a cada paso cómo y de qué manera nos exponemos a una realidad que no nos parece importar. No luchamos por seguir vivos, pero carecemos del sentido de sufrir por lo desconocido. Habituados a ver que les sucede a los demás, conseguimos apartar hechos significativos que han dado lugar a fechas que quedarán marcadas como un hito de nuestro tiempo y que ya ni nuestros descendientes podrán borrar de sus memorias.

Hecho aparte merece la mención del riguroso exceso que supone la suma económica de los accidentes. Sin tener en cuenta los daños medioambientales, sociales, culturales y de salud estas desgracias van acompañadas de un desembolso millonario, ya sea en labores de rescate, reconstrucción y rehabilitación, valor sanitario, etc.

Uno de los accidentes más graves que han tenido lugar en este siglo fue la explosión que se produjo en 1986 en la central nuclear de CHERNOBYL (Ucrania). Está considera el accidente nuclear mas grave de la historia puesto que la cantidad de material radioactivo liberado fue unas 500 veces superior al que liberó la bomba atómica dde Hiroshima. El accidente ocasiono 31 muertos directos y unas 125.000 personas murieron de cáncer provocado por las elevadas radiaciones en los años posteriores. El gobierno tuvo que evacuar a unas 140.000 personas cuando ocurrió el accidente y la radioactiviad afecto a 13 paises europeos. La explosión de hidrogeno en el reactor liberó diferentes sustancias tóxicas y radioactivas como dióxido de uranio, carburo de boro o circonio. Las mutaciones genéticas no tardaron en aparecer.

La compensación a las víctimas, los costes de la evacuación de los ciudadanos, la construcción del sarcófago de seguridad para reducir la radiación y la limpieza del desastre en general costó unos 200.000 millones de dólares.

Chernobyl

Otro de los accidentes más costosos de la historia fue el del transbordador COLUMBIA, en 2003, que se desintegró sobre Texas y Lousiana. En el despegue una pieza de aislamiento se separó de la nave, desde el control no se le dió mayor importancia, pero cuando el transbordador reingresó en febrero de 2003 en la atmósfera los gases calientes cubrieron la nave y se desintegró antes de poder aterrizar. Murieron los 7 tripulantes. La nave había costado 6300 millones de dólares y se gastaron 500 millones más en la investigación del accidente. Unos 300 millones se invirtieron en la búsqueda de fragmentos o piezas de la nave siniestrada.

Columbia

Otro desastre ecológico fue el hundimiento del PRESTIGE en Noviembre de 2002. Este accidente afectó a la costa española, parte de Portugal y Francia. Todo fue una serie de fatales errores desde el mismo momento que el barco sufrió una vía de agua a causa de un fuerte temporal. Se decidió alejarlo de la costa en lugar de llevarlo a puerto y el petrolero se partió en dos. Más de 75.000 toneladas de fuel era la carga que llevaba el Prestige, manchas de fuel llegaron a las costas, sobre todo a Galicia y miles de voluntarios comenzaron las labores de limpieza, muchas especies marinas y aves murieron en el accidente. El desastre ecológico fue algo indescriptible. Las labores de limpieza y sellado del buque costaron unos 12.000 millones de dólares.

Prestige

Otro accidente espectacular y del que mucha gente pudo ser testigo fue la explosión del CHALLENGER. El trasbordador se destruyó a los 73 segundos de su lanzamiento desde el Centro Espacial Kenneddy. Uno de los impulsores del cohete había fallado y tras el lanzamiento el aparato se fue desintegrando. Murieron los siete tripulantes de la nave. Para recuperar las piezas del trasbordador, que fueron encontradas en el fondo del océano en su mayoría, se gastaron unos 550 millones de dólares. Muchos estadounidenses fueron testigos en vivo del despegue del Challenger y el accidente se difundió por los medios de comunicación como la pólvora.

Tripulación del Challenger

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