Las circunstancias

Mi hermana interrumpió las emociones de alegría que teníamos porque una de las telenovelas que vimos durante meses había llegado a su fin, con un final feliz. Mi hermana dijo: “Papá, se acabó el azúcar”. Palabras trágicas. Fatales. Eran las nueve de la noche. ¿Dónde podríamos encontrar una tienda abierta a esa hora?

En el evangelio de Juan capítulo 2:1-12 se nos presenta una situación catastrófica que ocurre en una boda. Lo que no deseamos que pase cuando organizamos una fiesta ocurrió en esa boda. Se acabó el vino.

La frase de dos palabras: “se acabó”. Tiene las dos connotaciones. Positivas y Negativas. Positivas en el sentido de que se acaba lo peor, lo que está causando tensión o ansiedad. Un ejemplo sería cuando decimos: “se acabó la tormenta”. O “se acabó el tratamiento” ya está sano el paciente; o también decimos que “se acabaron” las altas tarifas de la luz.

Decir “se acabó” desde el punto de vista negativo no nos agrada en gran manera. Porque la misma palabra lo dice: “acabó”. Ya no hay más de donde sacar. Como cuando la novia le dice al novio que ya se le acabó su amor. Cómo también cuando el patrón le dice al empleado que ya “se acabó” su contrato. Y la nota en el periódico que nos entristece: Joven “acabó” con su vida.

Y pensando un poco en esta frase, ¿hay algo en tu vida que te has dado cuenta que ya se acabó”? ¿La paz en tu hogar? ¿El amor en tu matrimonio? ¿Un trabajo estable? ¿Vida espiritual ferviente? ¿Sueños, metas, proyectos?

El Rostro de Dios

La historia de la boda de Caná toma otro giro. Y es que Jesús convierte el agua en vino. Y la fiesta ahora tiene vino, el mejor vino, y sobre todo en abundancia.

La razón de esta historia, como dice el escritor, es para que los discípulos vean la gloria de Dios. Y es que Juan narra este episodio de la vida de Jesús para mostrarnos una de las características de Dios. Y esa característica es que Dios es un Dios de la Abundancia.

En Juan 10:10 Jesús dice: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia”.

Orando

Este pasaje, entonces, nos invita a orar poniendo en las manos de Dios todo aquello que ya se acabó en nuestras vidas y que necesitamos que esté. Debemos tener presente al Dios de la Abundancia cuando creemos que lo perdimos todo. Cuando la felicidad se fue. Cuando la paz se ha desmoronado. Cuando las soluciones a los problemas se hayan esfumados. Cuando nos sentimos faltos, insatisfechos con lo que somos. Entonces es ahí, que debemos recordar que Dios, nuestro Dios, es un Dios que da y da en abundancia mucho mas alla de lo que pedimos.

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