Una voz que me exige igualdad

Siento una voz lejana que me repite diariamente que los operadores del derecho deben escuchar la voz de los estudiantes que cursan en las aulas universitarias las materia jurídicas y por qué no, los que se sienten interesados o están agobiados por un proceso judicial que se les sigue ya sea a ellos mismos o a un ser querido.

Me permito dar una humilde apreciación sobre este tracto; hombres bien enternados, mujeres con tacones altos que diariamente desfilan por los pasillos de la Corte Superior de Justicia de Junin, aquellos que con soberbia dicen ser abogados pero que en el fondo es un simple disfraz que les sirve de herramienta para obtener información de los distintos juzgados. Ese disfraz que nos hace de lado a nosotros, los estudiantes de derecho, que con ánimos de aprender más sobre la labor que en su determinado momento nos ocupará, estar en contacto directo con los operadores del derecho; los hombres detrás del escritorio nos dan la espalda o nos dejan al final para ser atendidos y dar preferencia a los hombres de casimir y a las mujeres de perfume.

Hay estudiantes que con su esfuerzo lograron obtener un puesto de trabajo en el sector estatal que por cuestiones de formalidad se les otorga una credencial que los identifica para realizar diversas gestiones; cuando aquel organismo estatal tiene como función “supervisar” siempre hay una división de trabajo, pues se le otorga obligaciones también al practicante; él animoso y ansioso de ejercer la función que con esfuerzo logró conseguir, se dirige a la entidad que será supervisada, al llegar a ésta se encuentra con la hostilidad de uno o de muchos trabajadores; pero ocurre algo mágico, cuando este estudiante pone a vista de todos el credencial que lo identifica, las miradas y el comportamiento cambia, todos lo tratan amablemente, con cortesía y le dan la información que le solicitan; claro está que no siempre pasa lo mismo, pero en mi poca experiencia he podido apreciar eso; será tal vez el temor que en ese momento se pueda redactar un acta citando la falta del cumplimiento de sus funciones lo que les hace hacer eso.

Pero, qué pasa con los que no trabajan en una entidad pública; aquellos que deciden que en su vida profesional ejercerán la defensa, o que simplemente aquellos a los cuales se les dejó un trabajo en la universidad sobre un determinado caso y es necesario visitar la Corte Superior de Justicia de Junin, aquellos que tienen sueños de emprender una labor jurídica de manera honrada; esas personas sufren una gran decepción; comúnmente ellos están laborando en un estudio jurídico y es lógico que dentro de sus funciones va a estar el hacer seguimiento a ciertos expedientes; la misma historia se repite, con mucha alegría se va a solicitar la información requerida y vuelve cabizbajo de no lograr su cometido, pues se encontró con el desaire de esas personas que con la cabeza alta no te contestan el saludo y con aquellas a las cuales encontramos volviéndose musas con un lápiz y no logran atender a nuestra solicitud; no podemos ser ajenos a una realidad que me aturde todos los días con los comentarios en las aulas universitarias sobre este tema.

Soy consciente que hay ciertos matices para obtener una información, pero “lo Cortez no quita lo valiente”; comprendo la labor importante y la carga gigantesca que se tiene en los juzgados; pero lo que no se puede comprender es la atención preferencial a esos hombres disfrazados y el trato diferenciado con los que tienen hambre de conocimiento; yo estoy bien puesto en mi categoría de estudiante, de persona, de futuro Abogado; lo mismo espero al visitar los pasillos del P.J. que cada uno sea consciente que se entrevistará con otra persona y que no se dejen engañar por ternos ni tacones (aun cuando no son abogados), respetando prima facie el Art. 2.2 de la Constitución.

Yo me encontré en ambos supuestos, lo viví en carne propia y la verdad nunca me gustó recibir un trato preferencial por portar una credencial, observaba a los litigantes estresados por sus procesos y recibían más estrés al visitar la Corte.

Esa voz cada vez la escucho más cerca y aturde oírla a diario, no me deja dormir; justos pagan por pecadores ojala ahora zumbes los oídos de los que cometen estos actos.

Todo servidor público tiene la obligación de conocer las “relaciones humanas” así como las “relaciones publicas” dejando de lado la altivez cuya repercusión perjudica la imagen de toda isntitucion.

POR: Jorge Luis Palomino Alania

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