Se ha llevado a cabo el abanderamiento de la selección mexicana de futbol por parte del presidente Enrique Peña Nieto, ceremonia celebrada en el Palacio Nacional. Es aquí donde los directivos de la Federación Mexicana de Futbol se han puesto encima el compromiso de representar dignamente a México en el mundial de Brasil 2014. Miguel Herrera, técnico nacional, incluso se ha comprometido a disputar el tan ansiado quinto partido.

Pero eso no es lo que a mí me interesa, ni siquiera como aficionado al futbol, no esta vez. Veo las imágenes y no puedo sino sentir repudio ante los protagonistas de este hecho. ¿De verdad en México estamos tan jodidos? Más allá de la responsabilidad deportiva adquirida que se ha fijado en el quinto partido y que no se ve por dónde la selección pueda llegar a tal ronda, ¿de verdad hay tanta ignorancia y tanto desinterés por las cosas relevantes en el país?

¿De verdad los futbolistas viven tan alejados al día a día? ¿Están tan alienados que les importa un carajo lo que sucede en la nación? No puedo comprender cómo es que individuos que antes que ser deportistas profesionales son ciudadanos puedan mantenerse tan al margen de la realidad. No cabe en mi cabeza que representantes como Rafael Márquez que se expresan tan bien del aficionado puedan llegar con un rostro de felicidad ante un tipo que ocupa un cargo público sin merecerlo y recibir sus buenas intenciones.

¿Apoco no saben que Enrique Peña Nieto se brincó las leyes para convertirse en presidente? ¿Tan agachones y sumisos son? ¿La dignidad desaparece cuando se tiene la cartera llena? En México el nacionalismo está tan arraigado en acciones incorrectas que es más patriota aquél que se pone el jersey de su selección que quien sale a las calles a protestar por sus derechos. Así las cosas por acá. Y me parece inaudito que un tipo como Miguel Herrera que siempre habla sin pelos en la lengua y que critica y es fuerte en cada declaración que da se convierta en un inofensivo gatito cuando tiene que cumplir con protocolos y agenda.

No está mal ser futbolista, está mal olvidarte que eres un ciudadano más. No está mal ser aficionado, está mal que sepas de memoria quiénes han sido convocados cuando ni siquiera sabes quién es el diputado de tu distrito. No está mal abanderar a un representativo deportivo nacional, está mal haber robado elecciones y crear reformas en contra del pueblo. Esto es México y todavía hay quien me trata de convencer de que este es un bello país.

La sapiencia del presidente Enrique Peña Nieto en una de sus memorables reflexiones.

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