El dibujo humorístico de un diario muestra una estatua de la libertad atada y amordazada. Encima de ella se inclina un hombre que le dice: «Todo lo que quiero saber es la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad… tal como yo la veo».

Existe una verdad independiente de las opiniones humanas formadas por las corrientes de la moda o de los sentimientos individuales. Se halla en completa oposición a la de nuestra sociedad, también influenciada por la filosofía que siempre está buscando algo. «A cada uno su verdad»: tal es la consigna. En la esfera espiritual cada uno es invitado a escoger lo que más le conviene entre las esperanzas propuestas por las diferentes religiones: paraíso, reencarnación, nirvana… Pero, ¿dónde está la verdad en todo esto? ¿Dónde hallar esa verdad? ¿Está al alcance de todos?

Sí, el Dios que la Biblia revela quiere que todos los hombres la hallen, por eso la pone a su alcance. Jesús, el Hijo de Dios, dirigiéndose a su Padre, declara: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Él conoce las necesidades fundamentales de sus criaturas: necesidad de certeza, de hallar un sentido a la vida, de sentirse amado. Jesús también dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). “Para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad” (Juan 18:37). Jesús es el único Salvador que puede conducir a los hombres al único y verdadero Dios.

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