Parece un capitulo de “Control de Aduanas” pero no lo es. Esa serie que se transmite en Discovery Max en horario de la tarde, se hace realidad a la llegada de muchos españoles a los aeropuerto de Estados Unidos y Canadá.

 

En los últimos tres meses son innumerables las historias de españoles que con intenciones o no de quedarse en suelo norteamericano, son devueltos al país  por las autoridades canadienses y americanas.

 

Recientemente  es conocidos el caso de 8 españoles que quisieron  visitar el país de la hoja de maples, y que para su sorpresa, fueron conducidos a las oficinas de migración. Allí fueron sometidos a un exhaustivo interrogatorio, a fin de admitir sus interés de permanecer en el país por un periodo indeterminado de tiempo.

 

Según las leyes migratorias de estos países, los españoles poseen el derecho de  estancia de tres meses como turista, y que siendo  realistas, un 80% cumple y regresa por miedo a cerrarse una puerta que quizás en un futuro podrían tocar.

 

Cuentan estos compatriotas que al llegar al aeropuerto Macdonal-Cartier, fueron recibidos por un control que le exigía, casi a punto de pistola, un buen motivo para entrar en Canadá.

 

A pesar de la justificaciones y  alegatos, no pudieron convencer a los  policías de migración, que casi inmediatamente, le condujeron a un centro de migración a esperar el próximo vuelo a Madrid, el que para su desgracia ,no llegó hasta pasado tres largos días.

 

Me llevaron a una sala de interrogatorio, comentó uno de ellos, allí  ocurrió este dialogo que reproduzco textualmente:

 

-Cual es el motivo de su  viaje?

-Vengo a visitar unos familiares.

-España esta muy malo… ustedes a lo que vienen es a quedarse.

- Quedarme? Tengo mujer, hijos, y un buen trabajo que me espera, no tengo necesidad de quedarme.

 

Y sin mediar palabra le hizo firmar un documento donde se les negaba la entrada al país por sospecha de quedarse.

 

Después de tres días encerrados, y soportando un frio que le calaba los huesos, abordaron el primer avión que le traería de vuelta al país, desilusionado  y con una baja autoestima, por no hablar del esfuerzo  económico que le supuso.

 

Pero a pesar de todo, el numero de emigrantes sigue en aumento, aun cuando esta y muchas historias se repiten a diario en distintos aeropuertos del mundo. Esa es la realidad pura y dura a la que se enfrentan los españoles cuando pisan un país económicamente superior: vivir con la condición de refugiados o ser sospechosos habituales de la grandes potencias.

 

 

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